Archive for the ‘Folletines de viaje’ Category

Quino

septiembre 7, 2008

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Ainsa

diciembre 6, 2006

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Dicen los lugareños que Ainsa es un pueblo estratégicamente ubicado entre los ríos Cinca y no me acuerdo cuál. Tiene un reconocido abolengo medieval debidamente preservado desde 1970. Se reconstruyeron las antiguas fortificaciones y se restauró el trazado original y las viajas casonas de piedra de tinte románico. Los turistas, en especial franceses y alemanes, se llegan al pueblo y se insolan, sacan fotos, compran tazas y llaveros e imaginan aquellas gestas brutales y heroicas de la reconquista hace seis siglos.

Para que no queden dudas de su importancia en el medioevo, los pobladores se inventaron las morismas, una representación con actores del pueblo que relata una batalla épica en la que los cristianos, insuflados de valentía por la aparición de una cruz en llamas, vencieron  a los moros y recuperaron la ciudadella. Nunca la vi, pero dicen que es muy linda y además tiene final feliz: muere el rey moro y sus seguidores se convierten.

Pero Ainsa no es sólo historia viva, los folletos dicen que es un pueblo con el encanto de la tradición y la comodidad de los tiempos modernos; es posible disfrutar en familia de una naturaleza imponente a través de infinitas actividades: se puede escalar, caminar, navegar, fotografiar…  Como broche de oro, su exquisita gastronomía montañesa bien regada por los afamados vinos del Sobrarbe. Sí, Ainsa tiene todo para deleitar al turista. Para mí, en cambio, es un pueblo con internet; allí terminó de empezar todo.

Es parecido, nomás…

noviembre 16, 2006

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“¡Vení a ver, vení a ver!”, me dice apurada.  Yo no podía, el hotel estaba infestado de comensales alterados de hambre y la cocina era un caos. Igual, por curiosidad o para escaparme un minuto salí y me asomé discretamente al comedor. “Es igual a Cortázar” me dijo señalando sin disimulo al tipo.

Estaban de paso en el hotel, los vimos un par de veces más en el palier y en el patio pero nada más. Por una cosa u otra no le pudimos preguntar nada y se fueron.    (…sigue) (more…)

Será allí

noviembre 13, 2006

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Será allí, es seguro, pudo ser sobre una callejuela derruida de Venecia, bajo un roble en la campiña escocesa o en algún barrio de traficantes en Estambul.  Pero será allí, junto al arco del Louvre algún 12 de noviembre a las 8:30 de la noche. Me esperarás con un globo rojo. Pura formalidad, ya te conozco y era inevitable. “Soy yo” diré, y entonces dejarás escapar el globo y todas las dudas. París es un buen lugar.

Qué día aquel…

octubre 28, 2006

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Este es un relato tan atropellado como aquellos días, especialmente este, seguramente el día más largo e intenso de mi vida, que largó a todo vapor a las 7 de la mañana en Venecia y acabó a las 5 de la tarde del día siguiente en Barcelona. En el medio un peregrinar tormentoso en trenes y todas sus combinaciones, barcos, bondis, subtes.
No nos había ido bien en Italia, no encontramos trabajo ni los putos papeles y volvíamos intensamente ilegales por alguna dudosa esperanza a Barcelona o quizás a los Pirineos. Entre préstamos y tarjetazos teníamos setenta euros para toda la travesía y aun no sabíamos donde acabaríamos en España.   (sigue…)

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El Cluny, la felicidad y los tilingos

octubre 7, 2006

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Fueron muchas cosas juntas; hacía un año y medio que yirábamos por Europa, indocumentados y pobres. Después de tres meses laburando en un hotel perdido en los Pirineos decidimos volver a la Argentina y, para acabar con bombos y platillos toda esta odisea, París.
París, ya se sabe, es bella, estética, ordenada, histórica, grande, lujosa, ambigua, cosmopolita… y allí, el Bar Cluny ejercía un magnetismo extra; es un clásico cafetín del Barrio Latino en el que Cortázar ambientó muchos relatos y nosotros queríamos tanto a Julio… Por eso, antes de la Torre, el Arco de Triunfo o el Louvre, antes de todo, nos urgía desandar callejuelas buscando los rincones que leíamos en Rayuela ó 62, y queríamos empezar por el Cluny. Sabíamos de Cortázar y las tertulias inacabables en las mesas del bar, y no costaba imaginar también al caracol Osvaldo arrastrándose penosamente en una mesa, quizás a la Maga, seguramente a Héléne…
Diría que fue expeditivo, ya antes de llegar sabíamos en qué calle estaba y teníamos la referencia de de la fachada por alguna foto viaja por lo que no nos costó encontrarlo. Nos metimos al bar como sólo los chicos a una heladería, pedimos dos cafés con leche, sacamos fotos, conversamos en espantoso francés con el mozo, ojeábamos a los parroquianos para ver si algun setentón tenía algún recuerdo… bueno y así una hora larga, después a modo de testimonio guardamos el ticket y los envoltorios de azúcar y salimos finalmente con todo París por delante. Pocas veces en mi vida sentí la felicidad de forma tan concreta y tan pura; es difícil de explicar, caminábamos dando brinquitos por la calle, riéndonos incrédulos, parando cada tanto para tomar conciencia que uno realmente estaba allí, que además llegaba a su fin una aventura irrepetible y de la mejor manera posible y tantas cosas.
Es curioso pero todavía me pasa; cuando digo que estuve en París y generalmente me desboco por contar que en esa ciudad bellísima fuí intensamente dichoso, no tarda en aparecer, como una bofetada a los recuerdos, la estupidez propia de los tilingos: “Che, pero los franceses tienen olor a chivo, ¿O no?”.