Enio el náufrago
Dandísimo
El Oso nos mira. Detrás suyo, Pampita, bella mujer ya prendada del rigor sensual de Gutiérrez, posa para satisfacer a las cámaras y a una turba de monos voyeurs.
¿Qué haríamos nosotros con esta escena a nuestras espaldas?. Es probable que, embargados de celos, corramos desesperados a taparla con un toallón blanco o amarillo. Si los celos no nos ciegan, posiblemente codearíamos al mozo del catering para alardear con frases del estilo “Mirá la carnecita que me estoy comiendo, pibe”. O quizás, si logramos controlar nuestras pulsiones más básicas, simplemente nos sentaríamos en un sillón a imaginar los dólares que la muchacha está facturando. Sea cual fuera nuestra actitud, somos unos canallas.
Pero el Oso es un dandy. Le basta mirarnos, sonreír internamente y esperar a que los monos nos disipemos. Y entonces actúa.
Valentísimo
El hombre sin cabeza
Bueno, lo que se dice bueno
Auspicia:





