Y allá va, señores, el valiente Prozac y su ladero, el insigne Fúlmino. Para ustedes, que decían que nuestro fóbico amigo nunca saldría de su casa, allí lo tienen, inmortalizándose en una postal épica, con la ciudad a sus pies y el bien entre ceja y ceja.
Pero claro, ustedes, agoreros insaciables, dirán que todavía nos debe una proeza (al menos una), dirán también, mostrando todo su cinismo que con héroes así de miedosos es más efectivo llamar al C.A.P. con telepatía… ¡Tantas cosas dirán!, y sin embargo, pinta no le falta, señores; vean como su capa se menea al viento, vean el reflejo en esa espada justiciera, vean esa mirada perdida en el espacio, ¡Cacho de héroe en potencia tenemos, caballeros!. Si Korda estuviera cerca, fotón que le sacaba a Prozac, fotón.
