Aquí, en este planeta, la muerte ya nos tiene acostumbrados a sus caprichos de nena rica, pero en Tripión, es algo novedoso. Imperfectamente se inicia en su legítimo, necesario y macabro trabajo, pero no le va bien, falla mucho y no consigue respeto.
Qué idea inabarcable pensar que la muerte no es una amenaza, que cualquier mortal pedestre, por cobarde que sea, pueda desafiarla sin jugarse la vida, mojarle la oreja, pegarle un chicle en la frente… Sí, cae de maduro que ya nada tendría sentido porque la muerte es, al fin y al cabo, el sentido último de la existencia; en el fondo todo lo que hacemos tiene por única razón resistirse su guadañazo inevitable, amagarle, retrasarlo…
Por caso, ahora me burlo de ella con una arrogancia que difícilmente mantenga cuando me reclame. Espero que llegado el momento me den las pelotas para pegarle un chicle en la frente. Y espero, sobre todo, tener muy claro cuál será el último nombre que se escuchará de mi boca. Sólo así tendrá sentido.
