“¡Vení a ver, vení a ver!”, me dice apurada. Yo no podía, el hotel estaba infestado de comensales alterados de hambre y la cocina era un caos. Igual, por curiosidad o para escaparme un minuto salí y me asomé discretamente al comedor. “Es igual a Cortázar” me dijo señalando sin disimulo al tipo.
Estaban de paso en el hotel, los vimos un par de veces más en el palier y en el patio pero nada más. Por una cosa u otra no le pudimos preguntar nada y se fueron. (…sigue) (más…)
