Será allí, es seguro, pudo ser sobre una callejuela derruida de Venecia, bajo un roble en la campiña escocesa o en algún barrio de traficantes en Estambul. Pero será allí, junto al arco del Louvre algún 12 de noviembre a las 8:30 de la noche. Me esperarás con un globo rojo. Pura formalidad, ya te conozco y era inevitable. “Soy yo” diré, y entonces dejarás escapar el globo y todas las dudas. París es un buen lugar.
