Ay, Rogelio!, Peregrino de mil caminos, por qué extraños parajes andarás ahora. Tu espíritu, libre, libre como el viento, te reclama aventura y te pide emoción. Se tu mismo, Rogelio, escucha los dictados de tu corazón, acata la sentencia irrefutable de tu destino díscolo y temerario. Los que te queremos bien, sabremos comprender… y te esperamos.